Esta semana encontrarás:

  • 🗞️ 1337 NEWS: Las 5 noticias más importantes del ecosistema emprendedor en las últimas dos semanas.

  • 🎯 La guerra por el delivery ultrarrápido ha terminado: ganó el modelo que nadie esperaba. – Crónica del auge, caída y reinvención del ‘quick commerce’, con lecciones de negocio imprescindibles para fundadores.

  • 🧠 1337 INSIGHT: El sesgo del éxito invisible: por qué solo ves a los que ganan y cómo te manipula sin que lo notes. – Una mirada estratégica al survivorship bias y cómo evitar que distorsione tus decisiones como emprendedor.

  • 📚 WHAT’S IN OUR DESK:

Mientras estabas construyendo tu proyecto, esto es lo que ha pasado esta semana en el mundo emprendedor 🌏:

  • Bending Spoons adquiere Eventbrite por 500 millones de dólares – La empresa italiana de software suma a Eventbrite a su cartera para revitalizar la plataforma de eventos. Leer más

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  • La burbuja de la IA está a punto de estallar: quién sobrevivirá – El sector de la inteligencia artificial enfrenta una corrección inminente y solo las empresas con fundamentos sólidos resistirán. Leer más

  • Por una nueva ley, eliminarán cuentas de Instagram y Facebook de menores – Australia obliga a borrar perfiles de redes sociales a usuarios <16 años; otros países podrían seguir el ejemplo. Leer más

  • Récord histórico en ventas online durante Black Friday 2025 (EE.UU.) – Los consumidores gastaron US$11.800 millones en compras por internet, un 9,1% más que el año pasado. Leer más

15 minutos.

Ese era el mantra con el que docenas de startups prometían traerte lo que quisieras a casa.

En pleno confinamiento, el delivery ultrarrápido explotó como la gran revolución: supermercados fantasma, bicicletas volando por las ciudades y cientos de millones de euros de capital riesgo alimentando el sueño de “pedir y tener” al instante.

¿El resultado? Una guerra logística encarnizada por ser el más rápido, quemando efectivo a una velocidad aún mayor.

Durante 2020 y 2021, fondos como Sequoia y Tiger Global apostaron a que estas empresas acabarían con las compras tradicionales. Surgieron nombres como Gorillas, Getir, GoPuff o la española Glovo con su servicio Q-commerce.

La promesa: entregas en 10-15 minutos con un par de toques en el móvil. El crecimiento inicial fue brutal – al calor de la pandemia, las órdenes subían y cada ronda de inversión llegaba con valoraciones disparadas.

Se abrieron decenas de dark stores (mini-almacenes urbanos) y se contrató flota a toda prisa. Parecía que el modelo funcionaba... hasta que dejó de hacerlo.

El problema es que tras la explosión vino la realidad: este modelo era muy deficitario. Cuando el dinero fácil se agotó y la economía dio un giro (inflación disparada, recesión asomando, coste del dinero al alza), el “crecer a toda costa” dejó de ser viable.

Las mismas startups que regalaban entregas y descuentos agresivos comenzaron a ahogarse.

¿La razón? Pedidos subsidiados que nunca fueron rentables. En cuanto acabaron las ofertas y envíos gratis, muchos clientes desaparecieron. La demanda por entrega ultrarrápida existía, pero no al precio real que costaba ofrecerla.

En 2022 y 2023 vimos el derrumbe: despidos masivos, retiradas de mercados y quiebras. Gorillas fue comprada por Getir, Getir se marchó de España, Italia y otros países despidiendo a miles. GoPuff redujo operaciones.

Empresas que valían miles de millones cerraron o se malvendieron por centavos. Hoy solo quedan un puñado de jugadores en pie a nivel global, y todos virando hacia un enfoque más tradicional: priorizar la rentabilidad sobre la velocidad.

Al final, ganó el modelo que nadie esperaba: la entrega eficiente, aunque no sea instantánea. Resulta que el cliente sí valora la rapidez, pero no a cualquier precio.

El gran ganador de esta “guerra” ha sido el modelo híbrido: servicios de entrega en el mismo día o en franjas horarias manejables, integrados por empresas sostenibles. Supermercados como Walmart o Mercadona que ofrecen entregas en 2 horas o el mismo día, optimizando rutas con algoritmos.

Plataformas como Uber Eats o Glovo que, tras años de crecimiento, ajustaron sus tarifas y tiempos para ser rentables. Incluso la vieja pizza en 30 minutos luce sensata frente al delirio de los 10 minutos. En resumen, la entrega exprés sobrevivirá, pero ya no como un negocio independiente disruptivo, sino como un servicio complementario de actores más grandes y eficientes.

¿Por qué fracasó el ultrarrápido puro? Porque ignoró las leyes básicas del negocio:

  • Unit economics desastrosos. Pedidos pequeños con costes de envío altos en tiempo récord = pérdidas por pedido. Escalar algo que pierde dinero solo multiplica las pérdidas.

  • Dependencia de subvenciones. Mientras hubo capital para financiar cupones y envíos gratis, había clientes. Al cortar la “droga” del descuento, la demanda cayó en picado. La fidelidad era hacia el precio, no hacia el servicio.

  • Operaciones poco sostenibles. Mantener almacenes por toda la ciudad, repartidores ociosos esperando órdenes y flotas en constante movimiento es carísimo. La promesa de 10 minutos impide consolidar entregas: cada pedido es un viaje separado, sin economías de escala. Un Amazon o un supermercado pueden repartir más lento pero agrupando entregas, con mucha mayor eficiencia por ruta.

  • Sobreestimación del mercado. No todos los consumidores necesitan la compra en 10 minutos siempre. Muchos pueden planificar compras con más antelación si el costo es menor. El nicho dispuesto a pagar extra por ultra rapidez resultó ser limitado.

No confíes ciegamente en “lo más rápido” si destruye tu margen. Innovar modelo de negocio no significa desechar la lógica financiera: ingresos – costes = beneficio sigue vigente.

Antes de escalar, asegúrate de que cada unidad vendida aporta valor y no solo volumen. Y recuerda que a veces ganar la carrera no es ser el más veloz, sino el que llega sin quedarse sin combustible.

✔️ Eficiencia mata velocidad
✔️ La fidelización es clave
✔️ Adapta tu modelo al contexto
✔️ Innovar también es decir “no”

Un joven emprendedor lee que Steve Jobs abandonó la universidad y construyó Apple, que Elon Musk trabaja 90 horas semanales, o que la startup X creció sin gastar en marketing.

El problema es que por cada caso de éxito del que todo el mundo habla, hay cientos de fracasos silenciosos de los que nadie te cuenta.

Bienvenido al poder manipulador del sesgo de supervivencia (survivorship bias): esa trampa mental que nos hace sobreestimar nuestras probabilidades de éxito porque solo vemos a los ganadores.

En el mundo del emprendimiento, este sesgo actúa como un mago tramposo. Nos muestra únicamente las empresas que lograron triunfar, mientras esconde bajo la alfombra a todos aquellos que hicieron lo mismo pero terminaron estrellados.

Durante la II Guerra Mundial, al analizar aviones dañados que regresaban de misiones, la Fuerza Aérea inicialmente propuso reforzar las zonas con más impactos de bala. Fue el estadístico Abraham Wald quien señaló el error: esos impactos eran en aviones que habían sobrevivido. Los aviones derribados (que no volvían) probablemente habían sido alcanzados en zonas vitales sin daños en los que regresaron. La conclusión fue reforzar donde NO había agujeros en los que volvían, corrigiendo así el sesgo de supervivencia. Salvó muchas vidas.

Llevado a las startups: vemos a los “aviones” (empresas) que regresaron exitosos e intentamos copiar sus agujeros: “Facebook nació en un dormitorio universitario, así que no necesito experiencia”, “Google daba tiempo libre a empleados para proyectos personales, yo también lo haré desde día uno”, “Tal fundador invertía el 50% en marketing digital, hagamos lo mismo”.

¿Pero qué hay de las miles de compañías que hicieron eso y fracasaron? Silencio.

No solemos analizar los casos que se estrellaron porque no escriben libros ni salen en noticias. Y ahí es donde el sesgo nos manipula sin que lo notemos: tomando decisiones basadas en una muestra incompleta y extremadamente sesgada hacia el éxito.

Este sesgo del éxito invisible nos afecta de varias formas insidiosas:

  • Estrategias de imitación ciega

  • Riesgo mal calibrado

  • Métricas de éxito distorsionadas

  • Consejos basura glorificados

¿Cómo combatir esta manipulación sutil? Con pensamiento racional y datos reales.

A continuación algunas estrategias para neutralizar el sesgo:

1. Busca los cementerios, no solo los podios. Cada vez que admires un caso de éxito, pregúntate: ¿cuántos hicieron algo similar y no funcionó? Investiga historias de fracasos en tu sector. Aprende por qué otras startups cerraron. Los errores enseñan tanto o más que los aciertos.

2. Conviértete en tu propio científico. No aceptes “fórmulas de éxito” sin más. Prueba en pequeño, mide resultados en tu propio negocio. Lo que funcionó a otro en 2018 quizá no funcione para ti en 2025. Usa el método Lean: hipótesis → experimento → validación.

3. Recuerda la letra pequeña del éxito. Los casos famosos suelen venir con narrativas simplificadas. “Fundadora escala su e-commerce a 50 M€ sin inversores.” Suena genial, pero investiga completo: quizá tenía 10 años de experiencia previa, contactos clave o empezó en un momento macroeconómico perfecto. Siempre hay factores ocultos. No te compares sin contexto. Tu camino es único.

4. Base rates y realismo. En toma de decisiones, considera las probabilidades generales. Por ejemplo, si solo 1 de cada 50 empresas de tu sector logra superar los 5 años, sé consciente de esas odds y planifica con prudencia. Esto no significa ser pesimista; significa tener los pies en la tierra.

5. Celebra el aprendizaje, no solo la victoria. Para contrarrestar la influencia mental de ver solo ganadores, redefine el éxito en tu cabeza. No es “llegar al unicornio o nada”. Cada iteración, cada pivote, cada cliente satisfecho, incluso cada fracaso pequeño en el camino es progreso. Los que sobreviven de verdad en este juego son quienes aprenden y perseveran, no necesariamente los que salen en portadas.

En resumen, no dejes que las historias de éxito te deslumbren hasta cegarte. Usa esas historias como inspiración, claro, pero no como planos arquitectónicos infalibles.

Por cada Steve Jobs que triunfó abandonando estudios, hubo otros miles para quienes quizás esa no fue la mejor decisión. Por cada estrategia poco ortodoxa que funcionó, hay muchas que fracasaron estrepitosamente fuera de la vista pública.

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